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LA IDEA DEL CRIMEN DE ESTADO: CASO RUIZ MASSIEU
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TEMA: LA IDEA DEL CRIMEN DE ESTADO: CASO RUIZ MASSIEU

LA IDEA DEL CRIMEN DE ESTADO: CASO RUIZ MASSIEU 10 Abr 2011 16:54 #106

  • Lorenzo Aldrete
  • DESCONECTADO
  • Categoría Platino
  • Dr. en Folosofía UNAM, AIU. Docente, consultor, traductor.
  • Temas: 541
LA IDEA DEL CRIMEN DE ESTADO: EL HERRUMBROSO CASO JOSÉ FRANCISCO RUIZ MASSIEU

El asesinato siempre está entre nosotros; ya casi es una institución.
Joseph Conrad.

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Un crimen de estado reviste la ostensible utilidad de no socavar la continuidad del poder. Normalmente se recurre a la figura de un asesino solitario, embebido en la megalomanía salvífica y en una visión patológica de la sociedad. Es importante que se desactive la conspiración de altura, y que el asunto quede zanjado en la personalidad fracturada del perpetrador. Al ejecutado habrá de evocársele como un prócer malogrado, un prohombre adelantado a su tiempo, con un sentido incomparable de la justicia y la bonhomía.

Como en la novela Salamandra de Morris West, es conveniente que el difunto reciba lauros oficiales en medio de cívicas exequias.

Para que un crimen de estado tenga los efectos deseados, es aconsejable que la versión biográfica del homicida se conforme de manera tal que sus acciones se concatenen fatídicamente hasta el momento del desenlace inexorable. Habrá de evitarse el imputar el acto sanguinario a francotiradores o verdugos profesionales, tal cosa pecaría de obviedad. El responsable debe ser un desadaptado que actúe por un sentimiento de agravio irreconciliable por lo que acaece en su país.

Se dice del anarquista Caserio que vengó la ejecución de tres sus correligionarios, matando al presidente francés Sadi Carnot en 1894. Este escenario es ideal para sustentar el móvil de un crimen de estado. El asesino ultima al que ejerce una posición hegemónica por reivindicar causas radicales. De manera adyacente este tipo de acontecimientos le sirven al poder para desencadenar represalias selectivas y purgarse de enemigos.

El crimen de estado –cuando se efectúa bien- se caracteriza también por cierta torpeza en la acción y la multiplicación de cabos sueltos y explicaciones contrapuestas. El espejismo que este espectro de inconsecuencias produce, da cauce a una extraña ambigüedad: por un lado nadie cree en lo que ve ni en lo que se le dice, pero a la vez no hay indicio que lleve a demostrar fehacientemente la falsía de las versiones oficiales.

Cuando esta indefinición se consigue y vienen las declaraciones del asesino arguyendo cierto mesianismo o de plano banalidades sobre su discrepancia con el estado de cosas, el crimen de estado ha pasado la prueba del tornasol, las especulaciones de todo jaez terminarán por difuminarse en el escorzo de la amnesia. En esto estriba la socaliña del poder, en que al final del anfractuoso sendero de las pretendidas elucidaciones la mente permanezca perpleja, atenazada en el azoro de la más absoluta incertidumbre.

Un crimen de estado emblemático por sus ribetes circenses y de gesta pasional, así como por la impecable secuencia de disparates calculados, es el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu. Este político, quien era secretario general del PRI, terminó sus días el 28 de septiembre de 1994. Una mañana saliendo del Hotel Casa Blanca en la Calle La Fragua, cerca de la Glorieta del Caballito en Avenida Reforma, un ejidatario tamaulipeco de nombre Daniel Aguilar Treviño, quien hostigado por el hambre comía una torta que acababa de comprar, le disparó una sola vez con un arma 9 milímetros que acto seguido se encasquilló.

El asesino arrojó el instrumento del crimen y echó a correr mientras un séquito de persecutores trataba de darle alcance. En su afanosa huida fue sometido por un policía bancario, lo que propició su detención. También se capturó a otro sujeto de nombre Carlos Cantú Narváez, a quien se describió como su cómplice.

El vigilante del banco delataba el desconcierto en su rostro cuando la prensa comenzó a solicitarle su versión de los hechos; como cuando alguien no sabe si cometió un grave error cruzándose en el camino de quien no debía. Sin embargo, esa misma noche dicho vigilante era entrevistado en televisión nacional, y ya para entonces se expresaba como héroe. Gracias a su entrenamiento y avispado caletre había cortado el paso al tránsfuga. Por supuesto, se le condecoró y gratificó como a un oficial de mérito.

Se señaló como el autor intelectual del crimen a Raúl Salinas de Gortari, quien habría encomendado la operación al diputado tamaulipeco Manuel Muñoz Rocha. Fernando Rodríguez González, secretario particular del legislador, reclutaría a Aguilar Treviño en un ejido mientras éste paseaba con sus perros por el lugar. Asimismo, se buscó implicar al también tamaulipeco Hugo Andrés Araujo, líder de la CNC.

El régimen de Ernesto Zedillo estrenaba procurador panista. Lozano Gracia, el flamante funcionario en cuestión, comisionó a Pablo Chapa Bezanilla como fiscal especial del caso. Esto supuso remover a Mario Ruiz Massieu de la investigación. Todavía como presidente, Carlos Salinas de Gortari le había encargado a éste la investigación del homicidio de su hermano.

Fue entonces que la justicia mexicana introdujo una nueva y singular técnica criminalística en las indagatorias, a saber: las vibraciones de ultratumba. Francisca Zetina, una mujer taumatúrgica conocida como “La Paca”, guió a la policía judicial federal por los jardines del rancho “El Encino”, propiedad de Raúl Salinas, en el afán de localizar los restos del referido diputado, de quien se pensaba había sido asesinado. Los detectives federales excavaron justo en el punto indicado por la portentosa mujer, donde hallaron una osamenta. A la postre “La Paca” sería consignada por haber “sembrado” tan macabros vestigios.

Muñoz Rocha jamás sería localizado, y no faltarían quienes afirmarían que lo habrían visto en ciudades fronterizas de Estados Unidos como un fantasma inasible. El asesino material Daniel Aguilar Treviño se ceñiría a decir que a él se le había contratado para el mortífero acto y que no se le había pagado la suma acordada (treinta o cuarenta mil pesos). Confesó además que se le había hospedado en un hotel de paso en la Calle Álvaro Obregón en la Colonia Roma. Fernando Rodríguez González manifestó a la prensa que Chapa Bezanilla le había dado una considerable suma en dólares y protección para su familia a cambio de información incumbente. Hugo Andrés Araujo todavía deambula por Coyoacán como inconspicuo parroquiano de cafés y librerías.

El crimen de estado fue impecable en sus efectos. A la fecha se ignora por qué se asesinó a José Francisco Ruiz Massieu. Me refiero obviamente a que no se cuenta con una versión inequívoca de carácter oficial sobre el asunto. Todo se extinguió en las declaraciones de los que acataron órdenes desconociendo el móvil real. Y como suele suceder cuando la justicia no llena el vacío elucidatorio de un magnicidio, otras versiones surgen y cubren tal hueco. Esto por supuesto ayuda a espesar todavía más la cortina de humo alrededor de los hechos.

José Francisco Ruiz Massieu estaba casado con Adriana Salinas de Gortari. Su homosexualismo era “público y notorio” como dicen los juristas. Ha corrido la versión en tertulias y escritos de toda índole de que la temperamental esposa lo habría sorprendido en flagrante arrebato amatorio con otro hombre –incluso se habla del propio Carlos Salinas-, o habría recibido la evidencia irrecusable de la doble vida de su marido, y habría estallado en cólera. A instancias de la desairada dama, el clan Salinas de Gortari –incluido el jerarca padre don Raúl, pero sin el otrora mandatario- habría decidido la muerte del infame cónyuge en íntimo conciliábulo. Esta obscena leyenda no se va de la memoria y sigue reproduciéndose y dejando su impronta, al margen de su veracidad o falsía.

Como parte de la zarabanda política, hoy Daniel Aguilar Treviño, un mísero ejidatario analfabeto y torpe en el uso de un arma, purga condena en una prisión de máxima seguridad. Su clasificación es la de reo de alta peligrosidad y se encuentra recluido al lado de los secuestradores y narcotraficantes más feroces del país.

Daniel Aguilar Treviño me recuerda a un personaje de la novela “El Agente Secreto” de Conrad. Se trata en el relato de un desmadejado jovenzuelo sin discernimiento alguno, hermano de la mujer del protagonista, a quien éste utiliza para poner una bomba en el Observatorio de Londres y culpar de ello a células radicales. Es tal la inepcia del enviado, que en la malhadada misión termina haciéndose estallar en el lugar de destino.

Así Daniel AguilarTreviño, que en el fulgor del azar acertó a herir de muerte en el cuello a su víctima, aceptó cometer un crimen por hambre y fue sepultado en las mazmorras del estado. Acaso fue poco lo que perdió. Muñoz Rocha se llevó el secreto dondequiera que se encuentre, si es que vive. Raúl Salinas de Gortari goza hoy de libertad. A José Francisco Ruiz Massieu hay quienes le rinden tributo hasta nuestros días, ensalzando sus dotes intelectuales, su perspicacia jurídica y su acendrado perfil político, la palabrería habitual en estos casos.

Sabido es que fue beneficiario del “dedazo” del presidente Miguel de la Madrid para hacerse con la gubernatura de Guerrero, sin que jamás hubiera ejercido un puesto de representación popular en la entidad; y que por ende encarnó los vicios del priismo, como todo militante disciplinado que cuenta con la bendición del arbitrario mandamás en funciones.

Los Salinas de Gortari una vez más protagonizaron el escándalo como ha sido el sello de familia: con borbotones de sangre, luto oficioso e impunidad. Es decir, con los ingredientes básicos del crimen de estado. ¿Volverá esta fórmula a extender su sombra en el 2012, cuando el principal cómplice del presidente en turno, Genaro García Luna, acaba de vaticinar años de narcoviolencia en el nublado horizonte nacional, y cuando hoy se da por un valor entendido que el dinero sucio tiñe las campañas políticas? ¿Qué componenda criminal podría estarse fraguando para suscitar algún conveniente estado de excepción en el país? Roguemos a los manes de nuestra predilección que ninguna.

Lorenzo Aldrete


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"Nec vero habere virtutem satis est quasi artem aliquam, nisi utare"
Última Edición: 19 Abr 2012 17:35 Por Lorenzo Aldrete.

Re: LA IDEA DEL CRIMEN DE ESTADO: CASO RUIZ MASSIEU 17 Abr 2012 08:30 #400

  • nastavik
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Lo felicito por este artículo.

Al tratarse de asuntos del Estado, cuando las cosas deberían ser hasta cierto punto transparentes, cae una niebla espesa sobre este tipo de crímenes; las similitudes son como una puesta en escena. Aparecen asesinos solitarios o desagregados de sus células de operación, comisiones creadas ex profeso para empantanar cuanta evidencia real pudiera surgir, detenciones azarosas e inevitablemente la vergüenza sobre el actuar de las autoridades, sin olvidar las oportunidades de los adversarios políticos para sacar a la luz datos o información sobre los posibles involucrados.

Re: LA IDEA DEL CRIMEN DE ESTADO: CASO RUIZ MASSIEU 01 Oct 2012 21:01 #518

  • nastavik
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